Escribiendo

RICARDO BIENAVENTURADO CAMPILLO

Alguien me podría preguntar: ¿cuando empiezas a escribir no tienes ya una idea clara de qué va la historia y sabes más o menos lo que quieres decir y cómo va a acabar?

Pues… no.

Bueno, sí. Depende. Si es, por ejemplo, una crítica sobre una película, o una anécdota personal, sí que sé exactamente lo que voy a escribir y adonde quiero llegar, pero si es una historia original me gusta empezar con cualquier idea y voy improvisando. La historia, entonces, se retroalimenta y aparecen personajes de la nada y a veces te sorprenden y te dices, jope, este tío era un simple comparsa y no veas el protagonismo que ha alcanzado, y otras veces se te desmandan y adquieren vida propia y van un poco a su rollo.

Y tú quizás tenías otra idea inicialmente, pero ves que no hay más remedio que dejarse llevar.

Y eres el primer sorprendido.

Es en esos momentos cuando disfrutas de verdad.

Es como cuando estás leyendo un libro y el escritor ha conectado contigo y te explica algo que realmente te interesa y te lo cuenta bien y no sé, quizás es una historia romántica o algo profundo, filosófico, pero el caso es que te llena y estás como nervioso, excitado, no puedes parar de leer, las páginas pasan a velocidad de vértigo, no hay nada más importante, es un puro deleite, se te eriza el vello de los brazos y, si te pasas por el baño a lavarte la cara para serenarte o para beber un poco de agua y por casualidad te miras en el espejo, ves esa mirada inconfundible, brillante, exaltada.

Sí, amigos, cara de felicidad.

Pues eso es lo que sientes cuando estás escribiendo tu historia, tu cuento, tu novela, y estás inspirado, las manos vuelan, no reescribes ni una palabra, todo va como la seda, tú tecleas pero parece que te lo dicte alguien que está dentro de tu cabecita y tú escribes, pero también lees y disfrutas con las ocurrencias de tus propios personajes, es un poco una cosa de locos, es como si el texto ya se hubiera escrito anteriormente o mejor, como si se estuviera escribiendo en ese preciso instante, pero en otra dimensión, y tú pasas alternativamente de ser el escritor a ser el lector una y otra vez…

Así me siento yo, a veces, escribiendo.