El proceso de escritura

RICARDO BIENAVENTURADO CAMPILLO

Como hace que no añado nada al blog, hoy voy a tratar de reflexionar sobre el proceso de escritura. ¿Cómo funciona este tema? ¿Qué pasa con el bloqueo del escritor y todo eso? En mi caso, cuando estoy delante de la página en blanco y no consigo escribir ni una línea, cierro el ordenador y me voy al gimnasio. Después de hacer mis ejercicios o de pedalear un buen rato, me voy a la sauna o al baño de vapor y, seguidamente, me dirijo al jacuzzi, donde me quedo en remojo, yo que sé, media hora, una hora, hasta que casi me desintegro.
Pero es ahí donde surgen las ideas.
Ahí se me ocurren los personajes, sus nombres, lo que va a ser de ellos, si alguien tiene que morir o si es verdaderamente importante en el devenir de la trama. De repente, todo cobra sentido, la historia ya está en mi cabeza, y me parece increíble que antes no fuera así.
Está todo tan claro.
Y en ese misterioso proceso, en esa alquimia pasada por agua, consigo historias para, vete tú a saber, cincuenta páginas más. Y luego, delante del teclado, todo es coser y cantar, todo va seguido como el paso doble.
Ya no hay dudas. Ya no hay nada que corregir.
Toda esa historia que ya estaba ahí se vuelca en la pantalla. Como te lo digo.
Así que no, no me había ido.
¿Adónde voy a ir? ¿Es que acaso podemos escapar de nosotros mismos? Al fin y al cabo esto lo escribo para mí. Son mis pensamientos que pugnan por salir de mi cabeza y decido airearlos un poco.
Y me he divertido.
Y te diviertes tanto porque no estás sujeto por ningún corsé. Escribes lo que quieres y como quieres. Es eso que mezclas cosas que te han pasado con otras que son pura ficción, le añades algún sueño que has conseguido retener en tu memoria y lo endulzas o no con algo de filosofía que te ha enseñado la vida, porque la has vivido.
Te inventas unos personajes que no son perfectos, pero que son intrínsecamente humanos, y que dicen cosas que tú has dicho o que te hubiera gustado decir. La historia, en esencia, está en tu cabeza, más o menos, y va tomando forma poco a poco, se cocina a fuego lento. Es algo así como una vasija de barro que rueda en el torno y a la que tus manos van dando la forma con cariño y con pasión.
Y la historia es algo vivo, se mueve contigo, va a donde tú vas.
Puede surgir algo importante en cualquier momento, en cualquier lugar. Y puede ser en un baño de burbujas o a las tres de la mañana en la cama ya, pero con la cabeza a punto de explotar porque tus pensamientos no paran de bombardearte como partículas excitadas en un tubo de ensayo.
Una vez me propuse escribir lo que acontecía en mis sueños si recuperaba algo de consciencia entre sueño y sueño, me puse un bolígrafo en la mano y un bloc de notas debajo de ella y, cuando me desperté al día siguiente, sólo había conseguido unos garabatos ininteligibles en la libreta y el edredón todo manchado.
Es difícil entrar en el mundo de los sueños.
Sueños tan reales a veces, que crees que el sueño es la vida real mientras que, en otras ocasiones, acabas soñando despierto.